En la madrugada del 25 de abril se produjo uno de los accidentes de tránsito que más conmovió a la provincia. A bordo de una camioneta BMW, el ex golfista Armando José Zarlenga (h), de 32 años, chocó una motocicleta Appia en la que viajaban los rondines Maximiliano Joaquín Saldaño (24 años) y Joaquín Morales Franck Colombres (22 años), a quienes les causó la muerte. El hecho ocurrió en avenida Mate de Luna al 2.600. Ambos vehículos quedaron destrozados. Uno de los testigos, un amigo de las víctimas que viajaba en otra moto, declaró que redujo al acusado porque habría intentado escaparse a pie. Zarlenga fue aprehendido por la Policía minutos después.
Las pericias revelaron que al momento del hecho el deportista manejaba alcoholizado a una velocidad aproximada de 102 Km/h. El juez Gonzalo Ortega dictó la prisión preventiva para el acusado, que declaró en la primera audiencia pidiendo disculpas a las familias de las víctimas por lo ocurrido.
Este tan llamativo caso no deja de ser un árbol entre el bosque. Según los datos de Dirección de Estadística Vial, del Ministerio de Transporte de la Nación, en 2021 fallecieron 3.457 personas en accidentes viales (216 en Tucumán). En muchos de esos casos el consumo de alcohol estuvo presente. Los números advierten sobre una problemática que es ignorada por gran parte de la sociedad.
En una entrevista con nuestro diario en 2020, la directora de Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas de la Nación Argentina (Sedronar), Gabriela Torres, manifestaba que la adicción más común entre los jóvenes era la del consumo de alcohol. Explicó que esto se debía a como la sociedad estigmatizaba más a los consumidores de otras “drogas”. “El alcohol es una droga que tiene buena prensa, que nos divierte y que nos hace unidos y felices; pero la verdad es que tenemos un gran problema”, aseguró. Agregó que es lo que más se consume en Argentina, y analizó que es necesario hacer grandes acuerdos para no seguir aumentando el problema.
No se trata de una problemática ignorada por las autoridades. Las campañas de concientización existen, y, sin ir más lejos, todo conductor sabe que no puede manejar si consumió alcohol. A pesar de eso, está a la vista que como sociedad no tomamos esa regla con la responsabilidad que se merece. Solo basta con ver como luego de un casamiento, cena o evento, vemos a un amigo alcoholizado subirse al auto o a la moto para irse a casa. O peor, a veces somos nosotros mismos los que agarramos el volante en esas condiciones. Creemos que lo peor no nos va a pasar, hasta que ocurre y entonces no hay vuelta atrás.